EL DIAGNOSTICO Y LAS PASTILLAS PARA ESTUDIAR Y PORTARSE BIEN

El pasado mes de mayo tuve la oportunidad de asistir muy brevemente al 5º Congreso Nacional de TDAH que se celebró en Barcelona.

Participaban unas 450 personas venidas de toda España.

Me sorprendió la uniformidad temática del programa, siempre en la línea de la solución médico-farmacológica y del enfoque cognitivo-conductual del problema. Como comentaba Elena, una maestra de infantil implicada en los movimientos de renovación pedagógica, «no puedo entender que asociaciones creadas para resolver un trastorno, lo contemplen exclusivamente desde un único punto de vista».

Lo cierto es que cada vez más, las personas preocupadas por la realidad del TDAH se están abriendo en busca de visiones y soluciones alternativas al modelo único.

Una prueba de ello es que ese mismo mes, tuve la oportunidad de participar en unas jornadas tituladas «Atlas del universo emocional» organizadas por las Comunidades Educativas de Colmenarejo,   IES de esta ciudad, CEIP Las Veredas, CEIP Seis de Diciembre, en la que también participó la Asociación de Afectados por el TDAH de la Sierra de Madrid.
El debate con Javier Blumenfeld, pediatra del Hospital del Escorial, fue abierto y muy enriquecedor. Javier es un  profesional sensible y muy respetuoso. Aunque nuestros puntos de vista no siempre coincidían, creo que ambos aprendimos muchas cosas durante la conversación y fuimos capaces de sostener un ejercicio de diálogo  que pocas veces se despliega en un país donde tanto nos gusta hacer capillas y juntarnos con los que son y piensan como nosotros.
Seguramente es un rasgo de nuestra cultura que remonta a la época de los integrismos religiosos y que no favorece en absoluto el ejercicio de la democracia. Y esta especie de «censura consensuada» del pensamiento ocurre en foros de diverso calado, y no puede aplicarse solo a posturas más o menos conservadoras.
Lo cierto es que atender a los que opinan diferente puede remover profundamente nuestras tripas, haciendo tambalearse nuestros conocimientos, experiencias y firmes creencias elaboradas, en ocasiones, tras grandes búsquedas e indudables sufrimientos. Pero de esta escucha tolerante y respetuosa podemos salir con nuestras convicciones afianzas además de con una mayor madurez y crecimiento que nos permite apreciar toda la complejidad de la realidad. Para mí esta forma de madurez representa la capacidad de mi corazón para abrirse con compasión hacia mí misma y los demás e integrar en él con un Y, las cosas que tantas veces la mente excluye con sus inteligentes distinciones y sus muchos O.
Es cierto que las ideas simples poseen una gran fuerza: quien no está de acuerdo con que «cuanto primero aprendamos algo mejor», «solo con esfuerzo se consiguen las cosas» o con que «es mejor estar entre los primeros de la lista que entre los últimos» aunque no se precise ni de qué aprendizajes estamos hablando, ni de en qué consiste el esfuerzo, como se logra o de qué cosas a conseguir estamos hablando ni, por supuesto, tampoco se aclare en qué clase de lista queremos estar entre los primeros y a costa de qué.

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