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Supervivientes de una cultura sin alma

“¿Cómo lo habéis hecho?” Me pregunta una de las madres que viene a recoger a su hijo de 14 años, el domingo por la mañana. “¿Cómo habéis conseguido que no mire el móvil ni una sola vez?”

“Y tú ¿cómo lo sabes?” Contesto un poco despistada.

“Es muy sencillo. Tenemos instalada una aplicación de control parental. En todo el fin de semana solo lo utilizó ayer, una hora y media, y fue durante el viaje hasta aquí”.

Sonrío tratando de dar una respuesta sencilla: “No hicimos nada. Solo dejar que disfrutaran …con la naturaleza”.

En ese momento, se acerca una de las jóvenes: “¡Gracias! ¡Gracias por todo! Me lo he pasado superbien!. ¿Cuándo lo volvéis a hacer? No me importaría venir todos los meses!”

Sonrío de nuevo. “¡Muchas gracias a vosotras!”.

………

De verdad. Me siento muy agradecida a todos los jóvenes y sus familias que vinieron al Corralón (Casavieja, Avila) los días 21 y 22 de mayo, para participar en Supervivientes, un encuentro de jóvenes en la naturaleza.  Diseñado, organizado y realizado por la V promoción del posgrado de Pedagogía Verde, como parte de su formación. 

Cada curso, el proyecto colectivo (que llamamos Aprendizaje Servicio, porque es un acto de entrega a los demás) es diferente. Nace de las conversaciones, los intereses, las pasiones y también los dolores y las penas de las estudiantes.

Esta vez, surgió la ilusión de hacer algo para los jóvenes, víctimas silenciosas de una crisis sanitaria que interrumpió sus ciclos vitales, impidiéndoles honrar sus necesidades de encuentro, de contacto, de afecto entre iguales.. tan esenciales en esa etapa de la vida.

“El suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte entre los más jóvenes en España” fue uno de los titulares que más nos impactó. Ansiedad, tristeza, apatía, cansancio, problemas de alimentación y sueño, de atención, de relación, sensación de vacío, adicciones, autolesiones…son los síntomas de unas infancias y adolescencias marcadas por el aislamiento, la incomprensión, el juicio, la exigencia, el exceso de pantallas…En un entorno social (no solo familiar) que no puede darles lo que necesitan para desarrollarse saludablemente. Ya lo dice el refrán africano: se necesita toda una tribu para criar un hijo.. Una tribu cohesionada, solidaria, sensible, relajada…La infancia y la juventud son el espejo amargo donde se mira la sociedad adulta.

……

Una vez decidido el “tema” el proceso fue largo y complejo. Queríamos que disfrutaran del contacto con la naturaleza y con su propia naturaleza. Que se encontraran para crear y crearse. Que vivieran su necesidad de grupo, de identidad, de aventura, el choque entre lo individual y lo colectivo, la dificultad de organizarse y tomar decisiones, el compromiso con una misma y con los demás, la honestidad, el derecho a jugar todavía, el permiso para equivocarse..

Hacia afuera, tuvimos que enfrentarnos a la apatía ambiente, la normativa covid, aún vigente en muchos centros, el cansancio de los profes…  Hacia adentro, fue necesario clarificar nuestras motivaciones, tomar conciencia de nuestros  miedos… De los estereotipos y prejuicios que todavía soporta la juventud en la mentalidad adulta: ¿tienes un hijo adolescente? ¡Ay! ¡Te acompaño en el sentimiento!. 

Pero ha merecido la pena. Cuando, ¡por fin!, tras meses de preparación, aquella mañana soleada de sábado, el Corralón acogió sus rostros luminosos y sonrientes, todas sabíamos que lo habíamos conseguido. Habíamos realizado un sueño o, como diría mi amiga Fina Sanz: un proyecto de amor. 

……

“Jolín, ¡cómo se nota que os lo habéis currado!” exclama con júbilo uno de los chicos, mientras prueba entusiasmado el arco y la flecha que acaba de construir.

“Venir aquí fue un regalo de cumpleaños”, confiesa otro en la ronda final. “Y la verdad es que ha sido muy especial. El mejor cumple de mi vida”.

“Después de esto, ya no voy a ser la misma”, declara emocionada otra joven, al despedirse de sus compañeras.

“El ambiente fue genial… Nos sentimos cuidadas, respetadas. Y los otros chavales son un amor”, cuentan dos chicas, a sus padres, al terminar la jornada.

……

Hace solo unos días, alguien me llamó para pedirme consejo: “Mi hermana está muy asustada, Heike. Su hijo de 16 años, mi sobrino, le manda mensajes diciendo que se siente mal. Que tiene pensamientos suicidas”. La voz, al otro lado del teléfono, casi temblaba.

Traté de escucharle. De tranquilizarle y darle algunas pautas. ¡Cuánto me gustaría poder hacer más, mucho más!

Me entristece el mundo materialista y sin alma que hemos construido. Sobre todo por las jóvenes. Un mundo al que solo le importa lo que se puede calcular, medir, pesar, separar…Que deja fuera lo frágil, lo sensible, lo intangible. La expresión de la intimidad, de las emociones y de la vulnerabilidad.. 

Me atrevería a decir que, en la mayoría de los casos, la idea de suicidio adolescente no es real sino simbólica. No pertenece al mundo de la materia. Tiene que ver con las formas de la psique, con los movimientos del alma humana. Expresa el doloroso, aunque necesario, proceso de transformación personal, que puede compararse al de una crisálida: el yo infantil (la larva) debe morir para que el individuo adulto (la mariposa) consiga alzar el vuelo. 

Necesitan comprensión…que les dejemos espacio y que les proporcionemos espacios donde poder vivirlo. 

Entonces, ¿por dónde empezamos?

Heike Freire

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